Artículo de Opinión

Por Josu Gómez Barrutia

La encrucijada Europea

  
 

El Terrorismo ha vuelto a salpicar una vez con gotas de terror y sangre una ciudad Europea, tras Madrid le toco el turno a Londres, otra mañana en otro lugar, otra vez ciudadanos de a pie sufriendo en sus carnes un atentado brutal de la sinrazón humana.

El 7-J como así se ha denominado posteriormente ha dado una vuelta más de tuerca a la política de defensa y seguridad de la Unión Europea, y de nuevo como paso en New York ha entrado en liza el debate Seguridad a costa de libertad o libertad a costa de Seguridad.

La seguridad aún por encima de las libertades de los ciudadanos europeos se presenta pues como antídoto infalible al miedo a un nuevo fenómeno terrorista imprevisible e imposible de controlar como el del radicalismo islámico. De esta forma medidas como la interceptación de los correos electrónicos, el control de llamadas a móviles o la eliminación del tratado de libre transito en el seno de la Unión Europea han salpicado de lleno las portadas de los principales diarios europeos.

Y sin lugar a dudas en una sociedad del riesgo global como bien define Ulrich Beck, los miedos y los riesgos se globalizan y transcienden las fronteras instalándose en el seno de los corazones de la ciudadanía de cualquier país del mundo, ahora bien la pregunta creo a mi entender que no es tanto ¿El que o el como? Sino ¿el por que y el donde?.

La sociedad mundial que ahora nos ha tocado vivir, la del Siglo XXI es una sociedad en donde cada segundo un niño muere en los países subdesarrollados, en donde la explotación de las 2/3 partes del mundo a manos de 1/3 parte es una realidad incuestionable, una sociedad en donde más de cinco millones de personas mueren de hambre al año en el mundo y en donde los irredentismos fruto del colonialismo del XIX provocan guerras y focos de violencia en multitud de países, una sociedad en definitiva donde al día mueren más personas que la caída de 52 torres gemelas y en donde por lo general la sensibilidad mal repartida hace que los que vivimos en el denominado primer mundo nos hemos acostumbrado y familiarizado con las imágenes de la calamidad existente en el mundo, imágenes que día a día inundan nuestros telediarios como un goteo constante de muerte y dolor.

Y llegados a este punto y sin intentar justificar en ningún caso la barbarie terrorista injustificada es donde nos tenemos que preguntar ¿por qué? ¿por qué el terrorismo islámico se ha revelado como el desafío más importante de este siglo xxi? ¿por qué la gente se suicida con la única intención de matar a personas inocentes?.

La reflexión y comprensión de estas preguntas y la respuestas a las mismas tal vez nos darían una idea de el porque ahora más que nunca la amenaza del terrorismo radical esta en auge. Sin lugar a dudas el terrorismo islámico no es más que el aviso del termómetro que nos indica que algo va mal, que algo no funciona en nuestro planeta. Tal vez la respuesta pase por entender que en una sociedad como la nuestra en la que unos pocos viven y muchos millones sobreviven y malviven se ha creado un caldo de cultivo excelente para que los radicalismos religiosos o de otra tipología se hayan convertido en perfectos catalizadores de la rabia e ira ante la impotencia de millones de personas que día a día prefieren morir antes que vivir de manera en la que viven.

Ante esta realidad y tras la reflexión serena de los hechos que a día de hoy acontecen en nuestra sociedad hablar de mayor seguridad no es sólo hablar de recortes de la libertad con la intercepción de los mensajes de Internet o las llamadas de móvil, ni hablar de un mayor control de fronteras llegando incluso a eliminar como en los últimos días ha planteado el gobierno británico el libre transito en la Unión Europea, ni tampoco el aumento de los sistemas policiales, hablar de seguridad a día de hoy debe ir unido a hablar de eliminación de la deuda externa de los países del tercer mundo, acabar con las matanzas y la violación de derechos humanos en nuestro planeta, apostar por la eliminación de la pobreza en el mundo, alzar la voz contra la intromisión de terceros países en el avispero de Oriente Medio, Respetar a las minorías y en definitiva contribuir al bienestar social mundial.

Hoy más que nunca Europa, la vieja Europa de la revolución francesa, de la conquista de la sociedad de bienestar, de la revolución del mayo del 68, de los claveles portugueses debe alzar su voz decidida y decir BASTA YA.

Contribuir a la Libertad, la paz, la democracia y el bienestar de los pueblos mas necesitados es contribuir al desarrollo de nuestras propias libertades y de nuestra seguridad, decía el francés Víctor Hugo que el futuro tenía muchos nombres. Para los débiles era lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes la oportunidad. Ahora más que nunca Europa tiene a su alcance la posibilidad de lograr Otro Mundo Posible.