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Camino de conmemorar el 30
aniversario de los Ayuntamientos en la vida democrática de
nuestro país, se torna imprescindible asumir que el siglo XXI
debe ser necesariamente el siglo de los Ayuntamientos. Es
momento ya de asumir que la situación de los entes locales como
pilar imprescindible de la democracia en nuestro país necesita
una urgente y necesaria remodelación en su modelo de
financiación local, reforma que ajustándose en todo momento a la
realidad de los municipios debe ir unida a la creación de un
sistema responsable y coherente de reparto de fondos estatales y
autonómicos entre los municipios de nuestro país, ya que sólo de
esta forma se podrán seguir impulsando las políticas de
bienestar social y desarrollo económico en el ámbito de lo
municipal.
Y es que en estos treinta años de
gobiernos democráticos de nuestro país las entidades locales se
han convertido en la primer línea de gestión directa entre el
poder político y la ciudadanía de a pie, ciudadanía que ha visto
como desde los ayuntamientos se han resuelto problemas de índole
diversa, aún cuando las competencias asumidas desde los mismos
no eran las que marcaba la hoja de ruta de la administración,
asumiendo los gobiernos locales competencias impropias que en
ningún caso les pertenecían, y todo ello con el claro objetivo
de contribuir a impulsar la política de bienestar entre los
ciudadanos y ciudadanas de los pueblos y ciudades de nuestro
país.
Esta vocación de servicio a la
que los ayuntamientos se han visto impulsados en pos de la
mejora de los servicios públicos y de la calidad de vida de sus
ciudadanos ha mermado de manera directa otras capacidades
económicas y financieras de los Ayuntamientos, debilitando la
posibilidad de llevar a cabo políticas de planificación
estratégica y desarrollo local.
La labor de los cientos de
alcaldes/as y concejales/as de nuestro país al frente de los
Ayuntamientos ha contribuido a través de su esfuerzo y vocación
de servicio público al fortalecimiento de nuestra democracia.
Por ello, ahora toca de una vez por todas que desde el estado y
las comunidades autónomas se reconozca de manera pública la
labor de los ayuntamientos en nuestro país, reconocimiento que
sólo puede venir aparejado con la puesta en marcha de un nuevo
modelo de financiación local y tributos en el cual los entes
locales asuman un aumento de recursos económicos que hagan
posible seguir desarrollando nuestro democracia.
El Siglo XXI es el tiempo del
poder local, tras la superación de la fase de desarrollo de las
comunidades autónomas toca ahora dar un nuevo papel en el estado
a los ayuntamientos como elementos de vertebración de nuestro
país sin los cuales las políticas de bienestar social no podrían
ser llevadas a cabo de una manera directa. Para ello la puesta
en marcha de medidas tales como : El reparto de fondos en
equiparación a los servicios y prestaciones que desde los
ayuntamientos se realiza, la mayor participación en el acceso a
la financiación tanto del estado como de las Comunidades
autónomas por parte de los gobiernos locales etc.
No cabe duda que el tiempo que
nos toca vivir como generación vendrá dado de multitud de
desafíos y retos ante los cuales se deben asumir nuevas
herramientas que permitan asumir los mismos con las garantías de
triunfo necesarias para seguir impulsando la democracia en
nuestro país. |