Todavía
desconozco si la palabra CANI empleada para la tribu urbana de
los CANIS proviene del término latín cani cuyo significado es
perro o bien es un diminutivo de canijo muy utilizada en el
argot de la calle.
Es curioso como estos canis parecen haber repoblado diversas
plazas y calles de nuestras ciudades y municipios, para esta
insigne labor de repoblación cuentan con diversos instrumentos
que bien podrían guardar paralelismo con los conquistadores que
acompañaron a Colón en tierras americanas.
Así estos nuevos colonizadores cuentan con diversos instrumentos
que los configuran en un ejercito: Caballos a motor que
relinchan a una sola rueda rompiendo el silencio de la noche con
chasquidos de tubos de escape preparados, cadenas “finas” de oro
en donde sus escudos heráldicos dejan patente su alta alcurnia,
y por yelmo protector gorras beisboleras levantadas al viento en
señal inequívoca de que son poseedores de cortes de pelo de
guerreros urbanos.
Y como todos los caballeros andantes estos tienen sus dulcineas
del toboso que les acompañan en todas sus aventuras, no obstante
cambios significativos diferencian a unas de otras, estas de
principios de siglo XXI han cambiado sus ropajes abombados por
ceñidos pantalones de monta, en colores que desafían la noche,
pinturas de guerra y pendientes masai de oro.
Y hasta aquí todo puede parecer un sarcasmo o una ironía llevada
a cabo por mi pluma, pero esto vas más allá de una sátira común.
Recientemente una encuesta señalaba que los jóvenes canis a los
cuales se les atribuyen muchos de los actos vandálicos de
Sevilla provenían en un 58% de familias de clase media superando
a aquellos jóvenes que provenían de familias marginales. Con
todo ello se pone de manifiesto que algo en el sistema de
valores y educativo de esta generación ha fallado, dando lugar a
un producto tribal de la sociedad denominado CANIS o lo que es
lo mismo jóvenes de 14 a 18 años que han fracasado en el sistema
educativo y que no han tenido las guías oportunas para buscar
otras vías formativas.
Tal vez este fracaso en mayúsculas de la educación en esta
generación de jóvenes pueda servirnos para replantearnos la
educación que nuestros jóvenes reciben en nuestros hogares- en
donde en muchos casos se les enseña que las cosas no cuestan
esfuerzo-, dentro del propio sistema educativo que rige la vida
de los centros de enseñanza -en donde hasta ahora no se ha
llevado a cabo por las administraciones públicas una Ley de
Calidad que haya sido beneficiosa para el cultivo de los valores
educativos que deben de formar al joven, o en el propio seno de
la sociedad en donde se priman valores tales como la
competitividad salvaje, el capitalismo absurdo, o el canibalismo
social.
Al fin y al cabo decía el gran poeta hispalense Antonio Machado
que el camino se hacía al andar, tal vez este fracaso haya sido
un paso necesario para que entre todos tomemos conciencia de la
importancia de la educación y del cultivo de la cultura entre
nuestro jóvenes, pues son estas dos armas las más poderosas que
un pueblo puede tener ya que con ellas no existen grilletes que
opriman nunca, ni voz que no se alce para pedir lo justo.