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Artículo de Opinión |
Por Josu Gómez Barrutia |
| El Arte de lo Posible |
A lo largo de la historia muchos pensadores han reflexionado sobre el fenómeno de la política. Nuestro presente político se nutre de esta forma de experiencias fructíferas y otras veces más nefastas en cuanto a la interpretación de la política por parte de los gobernantes a lo largo de nuestra historia.
Y si bien en el siglo III A.C Aristóteles buscó en la política el buen gobierno a favor del bienestar general, suprimiendo cualquier interés particular, otros autores como el filosofo renacentista italiano Dante Aligueri nos recordaba que la concepción de la paz es la pieza necesaria para la conquista de los fines sociales. Para Dante la política, conforme con su pensamiento, debía procurar la paz para contrarrestar los males de las ilegalidades.
Junto a estos autores muchos han sido los que a lo largo de la historia han defendido la política como un arte de lo posible, como una herramienta vertebradora de democracias y vehículo para la conquista de los sueños de las clases más desfavorecidas. En definitiva la política a lo largo de nuestra historia siempre ha sido el arte de lo posible o mejor dicho de hacer posible lo imposible.
¿Qué es un político? O mejor dicho ¿Qué debe ser un político?, en primer lugar un político es aquel que no lleva a cabo actitudes como las de los dirigentes del PP y del PA que sin respetar el propio significado de la política llevan a cabo actitudes de crispación de la vida pública, de sectarismo y de persecución política en el propio seno de órganos como el Congreso o el propio parlamento Andaluz.
Frente a esta forma de entender la política, de interpretar la política desde la lente más obtusa del conservadurismo debemos defender todos y cada uno de los ciudadanos la figura del político como aquel ciudadano que teniendo la confianza del resto de la ciudadanía tiene ante sí la responsabilidad de velar por los intereses generales primando siempre estos frente a los suyos propios, en definitiva un político debe ser aquel ciudadano que es capaz de renunciar a lo suyo a lo propio, por el bien de todos y de la sociedad en general.
Pero un político además tiene que regirse por los principios esenciales de la equidad en su discurso y la ejemplaridad de sus acciones en su día a día, debe ser capaz de no sólo predicar con las palabras sino predicar con los ejemplos en lo cotidiano, para de esa forma recibir la confianza de la ciudadanía y lo que es más importante ser otorgados de la autoridad en sus palabras y en sus hechos.
A mi entender dedicarse a la política durante un período de tu vida es uno de los mayores logros personales al que un ciudadano puede aspirar, y lo es por que ser político es ser receptor de la confianza del resto de la ciudadanía, ser en definitiva el timón de la sociedad y ello significa tener una responsabilidad con el presente pero también con el futuro, con el hoy y con el mañana.
Tal vez esta concepción de la política viendo actitudes como las de los dirigentes populares Marioano Rajoy, Angel Acebes y Javier Arenas sean inútiles o tal vez sean parte del mismo sentimiento romántico heredado de mi concepción de la propia vida, tal vez esta forma de ver la responsabilidad pública sea una aspiración utópica de mi pensamiento vacuo, pero no obstante como decía Simón Bolívar “En el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría de la masa física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política”.
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