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El fenómeno de la globalización
configura día tras día el cuadro mundial de la denominada
sociedad del riesgo global que nos ha tocado vivir. Una sociedad
en donde las economías de los países y los interés de las
grandes multinacionales del planeta se interrelacionan entre sí
formando una compleja tela de araña.
No obstante, cabe señalar en este
punto que la globalización no es un fenómeno de nueva creación,
así a lo largo de la historia la aparición de diferentes avances
o descubrimientos ha dado lugar al nacimiento de una determinada
globalización. De esta forma, hechos de tanta importancia de la
historia del hombre como la aparición de la lengua o la creación
del dinero como herramienta de transacción económica marcaron
antaño procesos globalizadores mundiales.
Hoy, en pleno Siglo XXI nos toca
convivir con una nueva realidad global en donde la revolución de
las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la
evolución en los transportes y la liberalización de los mercados
económicos mundiales conforman una nueva sociedad que
interconecta de un modo nunca antes imaginado las diferentes
realidades sociales, económicas y culturales de nuestro
planeta, haciendo posible que un hecho acaecido en Taiwán afecte
de manera instantánea a un ciudadano de a pie de cualquier
barrio de Madrid, Barcelona o Sevilla.
Pero esta globalización es
imperfecta e injusta, es un proceso imperfecto porque se ciñe
sólo al libre transito de la información y el dinero pero no de
las personas, injusta por ser dirigida por las grandes empresas
multinacionales, quienes marcan con su batuta el devenir de las
economías mundiales. De esta forma, esta nueva globalización
imperfecta sirve de manera decidida a los intereses de los
poderes económicos que ven en instrumentos como la
deslocalización de empresas herramientas útiles para debilitar a
los gobiernos de los estados, quienes a su vez se ven incapaces
de poder intervenir en una economía globalizada en donde el
viajo pacto de la Sociedad del Bienestar creado en el albor de
la Europa del Siglo XX por la socialdemocracia europea se
difumina lentamente.
Pero frente a esta globalización
de lo injusto en donde el motor central es la dimensión
económica y la creación de un gran mercado capitalista mundial,
se debe de llevar a cabo una apuesta decidida por parte de los
agentes sociales y políticos hacia la dimensión social de la
globalización.
Sólo a través de medidas
concretas en este sentido podremos hacer frente a desafíos de
tanta índole como el de las migraciones internacionales o las
desigualdades territoriales y sociales de nuestro mundo.
Algunas de las acciones
imprescindibles en la búsqueda de esa globalización justa deben
pasar por llevar a cabo una reforma en las políticas mundiales,
centrando las mismas en la dimensión social de las personas. De
esta forma, el respeto a los derechos , la identidad cultural y
el trabajo digno deben ser objetivos a superar con creces por la
Comunidad Internacional.
Por otra parte, medidas como la
conquista de la igualdad de genero a nivel mundial, la
posibilidad de crear herramientas que hagan posible que los
estados sean capaces de participar en la gestión de su
integración en la economía global, el verdadero impulso al
desarrollo sostenible, la creación de mercados productivos y
equitativos, la creación de reglas que hagan posible que los
países participen en la economía mundial en igualdad de
oportunidades o la creación de una globalización solidaria en
donde la erradicación de la pobreza sea un desafío a abordar ,
deben ser los puntos que impulsen una decidida hoja de ruta que
haga de nuestro planeta un lugar más habitable en donde la
igualdad real sea un derecho para todas las personas.
JOSU GÓMEZ BARRUTIA |