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Torre neogótica-mudejar de la Asunción

Lora se encuentra situada junto a la orilla norte del río Guadalquivir al E. de Sevilla, de la que se halla a unos 56'5 kilómetros, emplazada "en pli-Tte-KaUe del Guadalquivir y muy cerca de las estribaciones de la sevillana Sierra Norte. Su posición geográfica se enmarca entre los 5° 23'24" y 5° 37' 10" de longitud oeste, y los 37° 35' 00" y 37° 46' 30" de latitud norte. La población, a una altitud de unos 38 metros sobre el nivel del mar y situada en posición algo suroccidental respecto al centro del territorio, domina por el norte la zona montañosa que desciende hacia el Guadalquivir, las feraces tierras llanas de la vega situadas junto al eje fluvial hético, y la línea de lomas y colinas de la 'campiña, de la llamada "Plataforma de La Campana", por el sur. Entre estas tres grandes unidades geomorfológicas y paisajísticas diferentes, Sierra, Vega y Campiña, se reparten los 293 kilómetros cuadrados de su término municipal.

Esta diversidad ha sido causa y consecuencia de un rico desarrollo histórico, cuyos orígenes se remontan al Bronce Pleno, hacia el 1600 a. Xto., período en el que ya existió un asentamiento humano permanente en lo que hoy es el Castillo de Lora, próximo al Guadalquivir y junto a la desembocadura del Churre. En el Bronce Antiguo, hacia 1750-1700 a. Xto., otro núcleo de población estable más antiguo que el de Lora se localiza en Setefilla, y probablemente existió otro asentamiento en el lugar que conocemos como Mesa de Lora la Vieja. El de Lora, junto con los citados, destaca y alcanza cierta importancia cultural en los siglos VII-VI a. Xto, durante el período Orientalizante y el esplendor de Tartessos, gracias a los contactos con los colonizadores fenicios instalados en la zona del Estrecho de Gibraltar. Este poblado llevó pronto el nombre prerromano de Axati, que luego conservaría.

Tras la llegada de los romanos a finales del siglo III a.C., Axati se convierte en un gran centro productor de aceite de oliva, cuyo comercio supuso el gran resurgir de nuestra zona entre el siglo I y III d. Xto. Axati es citada por Plinio el Viejo en su Naturalis Historia entre las ciudades pertenecientes al Conventus jurídico de Hispalis. El emperador Vespasiano (69-79), primero de la dinastía Flavia, le concedió, al igual que a otras muchas de Hispania, el derecho latino, pasando a ser un municipio flavio, el municipium flavium axatitanum.

 

 

Lora ha sido identificada por algunos autores con Lauro, lugar de origen del presbítero lanuarius que asistió al célebre concilio de Illiberis (Elvira, Granada) a principios del siglo IV. De ser cierto el dato, se desconoce la causa y el momento, posterior a la época pliniana, del cambio de nombre. Al respecto, las fuentes árabes la mencionan con el topónimo nuevo "Hisn al-Lura o al-Lawra"y su escudo de armas trae en su campo un laurel común o Laurus nobilis, con óptimo desarrollo en zonas como la nuestra, que recuerda el nombre de Lora al tener la misma raíz latina.

 

 

La Lawra árabe siguió siendo un núcleo de población importante y un centro defensivo notable entre Córdoba y Sevilla. Fernando III de Castilla manda conquistarla en 1247, y la dona a la Orden Militar del Hospital de San Juan de Jerusalén, cuyos caballeros habían contribuido decisivamente a su rendición, junto con Setefilla, Almenara, Peñaflor, Malapiel, Algarín y Alcolea.

 

 

Lora fue señorío de esta Orden hasta bien entrado el siglo XIX. Durante estos siglos, sobre todo en el XVIII, se construyen los edificios que hoy presenta como legado arquitectónico de su época más dorada, públicos (Casas Capitulares), religiosos (Iglesia de Jesús) y privados (Casa de las Columnas, Casa de los Leones).

 

 

Será ya en el XX cuando, gracias a la implantación de nuevos regadíos y la llegada de inmigrantes de otras provincias, se produzcan importantes cambios en la villa y Lora inicie un proceso de crecimiento que, aunque con ciertos altibajos, aún no se ha detenido, naciendo la Lora moderna que hoy se conoce, con una población estable en torno a los 20.000 habitantes, dedicados en su mayoría a los sectores primario y terciario, y un desarrollo urbanístico en los últimos años jamás conocido hasta ahora.

 

 

Lora del Río, un laurel a orillas del agua dulce como la ha llamado el poeta Juan Cervera, da la bienvenida a los visitantes y les ofrece su tradicional hospitalidad, de la que bien saben cuantos aquí llegan. Una hospitalidad propia de la Orden bajo cuyo dominio permaneció la Villa durante más de seiscientos años.