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Esta diversidad ha sido
causa y consecuencia de un rico desarrollo histórico, cuyos orígenes se
remontan al Bronce Pleno, hacia el 1600 a.
Xto.,
período en el que ya existió un asentamiento humano permanente en lo que
hoy es el Castillo de Lora, próximo al Guadalquivir y junto a la
desembocadura del Churre. En el Bronce
Antiguo, hacia 1750-1700 a. Xto., otro
núcleo de población estable más antiguo que el de Lora se localiza en
Setefilla,
y probablemente existió otro
asentamiento en el lugar que conocemos como Mesa de Lora la Vieja. El de
Lora, junto con los citados, destaca y alcanza cierta importancia cultural en
los siglos VII-VI a. Xto, durante
el
período Orientalizante y el esplendor
de Tartessos, gracias a los contactos
con
los colonizadores fenicios instalados en la zona del Estrecho de
Gibraltar.
Este poblado llevó pronto el nombre prerromano de
Axati, que luego
conservaría.
Tras la llegada de los
romanos a finales del siglo III a.C.,
Axati se convierte en un gran centro productor de aceite de oliva, cuyo
comercio supuso el gran resurgir de nuestra zona entre el siglo I y III
d. Xto. Axati es citada por
Plinio el Viejo en su
Naturalis Historia entre las
ciudades pertenecientes al Conventus
jurídico de Hispalis. El
emperador Vespasiano (69-79), primero de
la dinastía Flavia, le concedió, al
igual que a otras muchas de Hispania, el
derecho latino, pasando a ser un municipio
flavio, el
municipium
flavium
axatitanum.
Lora ha sido identificada
por algunos autores con Lauro, lugar de origen del presbítero
lanuarius que asistió al
célebre concilio de Illiberis
(Elvira, Granada) a principios del siglo IV. De ser cierto el dato, se desconoce la
causa y el momento, posterior a la época
pliniana, del cambio de nombre.
Al respecto, las fuentes árabes la mencionan con el topónimo nuevo
"Hisn al-Lura o
al-Lawra"y su escudo de armas
trae en su campo un laurel común o
Laurus
nobilis, con óptimo desarrollo en
zonas como la nuestra, que recuerda el nombre de Lora al tener la misma raíz latina.
La
Lawra árabe siguió siendo un núcleo
de población importante y un centro defensivo notable entre Córdoba y Sevilla. Fernando III de Castilla
manda conquistarla en 1247, y la dona a la Orden Militar del Hospital
de San Juan de
Jerusalén, cuyos caballeros
habían contribuido decisivamente a su rendición, junto con
Setefilla, Almenara,
Peñaflor,
Malapiel, Algarín
y
Alcolea.
Lora
fue señorío
de esta Orden hasta bien entrado el siglo XIX. Durante
estos siglos, sobre todo en el XVIII, se construyen los edificios que hoy
presenta como legado arquitectónico de su
época más dorada, públicos (Casas Capitulares), religiosos (Iglesia de Jesús) y privados (Casa de las
Columnas, Casa de los Leones).
Será ya en el XX cuando, gracias a la implantación de nuevos regadíos
y la llegada de inmigrantes de otras provincias, se produzcan importantes
cambios en la villa y Lora inicie un proceso de crecimiento que, aunque
con ciertos altibajos, aún no se ha detenido, naciendo la Lora moderna que
hoy se conoce, con una población estable en torno a los 20.000 habitantes,
dedicados en su mayoría a los sectores primario y terciario, y un desarrollo
urbanístico en los últimos años jamás conocido hasta ahora.
Lora del Río,
un laurel a orillas del agua dulce como la ha llamado el poeta Juan
Cervera, da la bienvenida a los
visitantes y les ofrece su tradicional hospitalidad, de la que bien saben
cuantos aquí llegan. Una hospitalidad propia de la Orden bajo cuyo dominio
permaneció la Villa durante más de seiscientos años.
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