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El relato que nos ofrece la Primera Crónica General sobre la toma de Lora y
su comarca, cuya capitulación definitiva tiene lugar en la primavera de
1247, en fechas cercanas al 25 de marzo, festividad de la Encarnación, viene
a destacar precisamente el papel que desempeñaron en este importante hecho
los caballeros hospitalarios, bajo el mando del Prior de San Juan en
Castilla y León Fernando Rodríguez. Asimismo, está documentado que el 15 de
enero de 1249, por la ayuda prestada en el asedio de Sevilla, los
freíres
sanjuanistas
también fueron premiados aquí con los
castros de
Malapiel y
Alcolea, recibiendo además un controvertido
diploma, dado en el mismo lugar, día y mes que el de 1241, pero ocho años
más tarde, en el que se incluían, dentro de un solo alfoz, las plazas o
fortalezas de las dos cesiones reales anteriores y añadían los castros de
Pefiaflor y
Algarín. La
merced fue la base de la llamada bailía
de Setefilla, unidad territorial y de gobierno situada entre Córdoba y
Sevilla, que formó parte del Priorato castellano-leonés de la Orden y estuvo
sujeta por mucho tiempo como cámara
prioral
directamente a su titular, el Prior de San Juan, por lo que estuvo
administrada por un comendador o un teniente del Prior, con plena y
privativa jurisdicción tanto temporal como espiritual o eclesiástica. Sería
la más firme base del poder del Prior de San Juan en la región y una de las
más importantes plataformas señoriales del Hospital en toda la Corona de
Castilla. La participación de la Bailía en la actividad militar de la Orden
y la Monarquía en la baja Edad Media confirma esta relevancia. |